Me siento entre miseria buscando una razón para sonreír
esta mañana, tomo aquella mochila llena de nada y salgo de esta cueva llena de
ratas. Unos pasos lejos de allí tomo algún bus que me lleve hacia ningún lado,
un par de cervezas tal vez más sean la excusa para perder la cabeza y la razón
de una vez.
Abren la puerta y un par de
conocidos me abrazan y me besan las mejillas como si regresara de la muerte,
saludo a un par de desconocidos que dicen amarse y mi mente se pierde entre los
labios de aquella dama. En mi interior algo se retuerce, tal vez sea la falta
de hambre, el exceso de drogas o los ojos de este sujeto que juega con sus
manos mientras me mira sin interés. Me acerco a la cocina y bebo un par de
tragos, intercambio un par de sonrisas pero no dejo de pensar en su mirada
oscura y misteriosa, ¿Quién es esa mujer? ¿Qué hace acá? ¿Por qué hoy?, me
acerco a la ventana y prendo un cigarrillo mientras veo como un hombre llevado
por las drogas pinta algo en una pared, me pierdo entre las risas de los
sujetos a mi alrededor, me volteo y allí esta, mirándome sin sentido, la miro
sin razón, nos miran preocupados y ríen como tontos, le sonrió, me sonríe, me
pierdo en su sonrisa de luna y ella solo sonríe y se esconde en sus
pensamientos.
Me siento en la baldosa helada,
prendo algo de humo y sigo con mi trago, me cuentan historias, rio un poco,
callo otro, me rio entre miseria y la veo, me pierdo en ella, ya no me sonríe y
ellos solo se ríen de mi forma de perderme en sus pensamientos, me acerco a sus
piernas y me mira sin deseo, le sonrió y me sonríe, le pregunto su nombre, y de
aquellos labios rojos y perfectos salen palabras en silencio, -Karen- dice
ella, mi alma tiembla, las manos me
sudan, no entiendo que sucede pero quiero tocarla, no sé qué sucede, pero
quiero amarla.
A mi alrededor, todo deja de
existir, solo es ella, con su mirada perdida y su sonrisa de luna, solo es
ella, moviéndome el alma de lado a lado, solo somos las dos, sentadas en
aquella habitación, perdidas en el humo, en las risas, en las gotas de licor,
en la duda y el desamor.
Me habla de su vida, me habla de
su ser, se ríe de a pocos, y esconde la mirada, su alma está rota, la perra esa
la mordió hasta dejarla desecha. Me rio con ella, le hablo de mi existencia, no
dejo de mirarla, no dejo de soñarla, quiero vivirla, quiero tenerla, tocar su ser,
tocar su alma, cerrar sus heridas.
Me habla de su pasado y su mirada
se inunda de tristeza, sus puños se cierran y encoge los pies, la miro y le sonrió
con los ojos, solo callo, solo la miro, toco su pierna y siento como tiembla un
poco, prometo cuidarla, prometo no abandonarla, calla, no ríe, se pierde, -No sé
quién eres y tú no sabes quién soy, ¿por
qué cuidarías de mí?- es lo único que sale de sus labios, pero no sé cómo
responderle, porque yo tampoco se la respuesta, -Sólo déjame hacerlo, me haces
temblar el alma y no te conozco, déjame conocerte, déjame ser lo que quieras
ser, no te asustes, soy una mala persona y sólo robo almas, pero quiero robarme
la tuya para guardarla en un lugar seguro, en un lugar donde nadie pueda
dañarla- le respondo sin pensar, no sé qué estoy diciendo, no sé qué está
pasando, solo me dejo llevar por sus manos, ella se asusta un poco y me llama
ladrona, se ríe y me mira, me mira de cerca, me mira con seguridad y sonríe con
sus ojos.
Entre risas y roces delicados
pronuncia con delicadeza, -Toma, te regalo un cuarto de mi alma para que lo
guardes- las palabras se vuelven espuma con sabor a vainilla, saboreo su
sonrisa y me pierdo en sus mejillas, -Ay! Mujer, me estas embrujando!- pienso
en mi mente podrida, acerca su mejilla a la mía y me da un beso, me pierdo por
completo, su olor es hermoso y no entiendo que sucede, la miro y me pide un
abrazo, la abrazo pero no la conozco, no me importa, siento como se esconde
entre mi cuello y sonríe, no la conozco, pero tomo sus manos y sonríe.
La noche continua, ellos siguen
ahí, bebiendo algún licor barato y fumando cáncer, nos miran desconcertados y
nosotras solo nos reímos del mundo, ella roza sus manos con las mías y se
sonroja, yo la miro con seguridad, la miro sin miedos, la miro como si fuera mía,
y que más quisiera, que aquella princesa fuera solo mía. –Quédate esta noche,
quédate hasta que salga el sol- le digo sin temor y me mira molesta, -Aun no me
voy, me quedare contigo- me acerco a su rostro y la tomo con delicadeza, su mirada
cambia, se extraña, corre su rostro, ríe molesta y se aleja de mí. Siento el
peso de mi existencia una vez más, siento que la pierdo, siento que pierdo algo
que nunca tuve, pero sin razón alguna, ella sigue hablando, sigue mirándome,
penetrando su alma en mis ojos, sin razón alguna, ella sigue ahí, sentada a mi
lado, sonriendo.
La noche sigue, solo sigue, solo
camina, como mis manos sobre mis piernas, como mi lengua entre mis labios
queriendo besarla, pero ella sigue, yo sigo… solo seguimos.
Las palabras siguen saliendo de nuestros labios al igual que las risas,
las miradas son más fuertes, el calor me invade la razón y sus manos rozan mis
piernas, me detalla con cuidado y habla de mí, me coquetea, me mira con paz, me
enloquece de a pocos. De un momento a otro solo quedamos las dos, ellos
desaparecen y poca importancia le doy, hablamos del dolor, hablamos de lo
miserable que es seguir viviendo, un
silencio inunda la habitación, -Déjame conocerte- le digo, - Acaso, ¿Cómo quieres conocerme?- me
pregunta, - Tal vez a través de tus labios podría conocerte más, a través de un
beso podría saber un poco más de ti, de quien eres en realidad- sonríe y se acerca
a mí con delicadeza, la tomo de las manos y siento su calor, su nariz toca mi
nariz y la tomo con cuidado, como si fuera una muñeca de porcelana y la beso,
el mundo desaparece, mi vida deja de ser mía, todo se llena de colores que jamás
pensé ver, mi alma vuelve a temblar y siento como se me estalla el corazón, su
lengua con la mía, su saliva dulce, sus labios carnosos, el tiempo se detiene,
y aquí estoy, con ella entre mis brazos, besándola, queriéndola cuidándola,
amándola, sintiéndola.
Bastaron minutos para dejar mi
alma en sus manos, bastaron segundos para regarle mi vida en un abrazo y tal
vez bastaron un par de sonrisas para enamorarme de su alma. Mujer hermosa,
mujer de vida, déjame ser quien cuida tu alma, déjame ser quien repare tu
corazón, déjame llenar tu vida de estrellas, déjame ser quien bese tus pies a
la madrugada y quien se esconda entre tus senos cuando se vaya el sol. Mujer,
mi mujer, mi corazón tiene tu nombre y mi alma guarda un cuarto de tu alma,
preciosa dama, mi princesa de ojos negros estas manos que hoy escriben, solo
desean tus manos para caminar sobre el viento. Te entregue mi vida y no la
quiero de vuelta, mi vida es a tu lado, mi vida es tu vida, siempre y cuando
quieras vivirla conmigo. Princesa de labios rojos, princesa de mil sabores,
princesa de mi alma.