He llegado al punto que nadie esperaba. Me lanzo al suelo
solo para raspar mis rodillas y manchar el frio asfalto con sangre. No me
importa, ni me importo. Soy un error como todos ustedes, y solo espero sentada
al día que el cielo se nos estalle en la cara.
Escribo sin razón, buscando una razón. El vacío me quema el
pecho y las lágrimas estallan sin avisar, pensé que todo estaría bien, pero
sigo el paso del cangrejo.
No quería equivocarme, pero me equivoque. No quería caminar,
pero decidí correr. No quería tropezarme, pero ya nadie me levantara más. Estas
pupilas vacías solo buscan las tuyas, aquellas pupilas sonrientes que son la
droga que más anhelo.
Busco tus palabras como un perro desesperado buscando algo
de comida, me arrastro por las paredes buscando tus venas azules, me arrastro
por ahí como una cucaracha en tanta basura.
Cada cicatriz que sangra tiene un nombre, un hombre, una razón.
No duelen, es placer, es sexo, es sueño.
Deja que tome tu mano por última vez antes de saltar al vacío
y estrellarme contra la avenida, solo déjame tenerte por última vez, antes de
que el cielo se nos caiga encima.
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